La soberanía y la autodeterminación en los tiempos del MAS-IPSP

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Las cuestiones políticas son las más importantes en los planteamientos de las sociedades humanas modernas. La tarea práctica y política más importante de los ciudadanos sigue siendo la lucha ininterrumpida y multifacética contra cualquier tipo de dominio externo. Los pueblos latinoamericanos, desde el momento mismo en que lograron independizarse de la España feudal, se ven abocados a defender su libertad de las garras de los nuevos colonizadores, que ya a fines del siglo XIX participan activamente en el reparto del mundo entre las grandes potencias imperialistas.

La soberanía es el principio de la autoridad suprema. En materia de política, la soberanía es el derecho absoluto a ejercer autoridad (legislativa, judicial y/o ejecutiva) sobre una región, un país o un pueblo. Bodin definía la soberanía como un atributo esencial del Estado: “La soberanía es el poder absoluto y perpetuo de una República”. Ningún poder es superior al poder soberano que no puede ser destruido, pero no es ilimitado (ejercido en el dominio público y no privado). Para Rousseau, el pueblo es el único legítimo titular de la soberanía. El concepto de autodeterminación deriva del principio considerado fundamental de que los pueblos tienen derecho a la autodeterminación, independientemente de cualquier influencia extranjera. —Principio de la Carta de las Naciones Unidas, 1951—.

Los países altamente desarrollados (imperialistas) aceleraron la dominación del amplio mercado latinoamericano, como proveedor de materias primas para sus industrias y como consumidor de sus productos elaborados, después de la Primera Guerra Mundial, y especialmente con la derrota del fascismo alemán en 1945, desplazando a las demás potencias imperialistas de dicho mercado. La creciente resistencia de los pueblos, e incluso de algunos gobiernos, obligó al imperialismo a buscar nuevas formas de dominación económica que le permitieran seguir manteniendo bajo su esfera de influencia económica, política y militar a los países latinoamericanos. Es así como a comienzos de la década del 50 donde aparecen las famosas “ayudas”. Brota el Plan Truman y otros programas parecidos, cuyo objetivo consiste en conservar y afianzar el dominio de los monopolios sobre la economía de Latinoamérica, manteniéndola en tal grado de atraso de suerte que ésta siguiese siendo únicamente proveedora de materias primas para la industria de los países imperialistas.

A fines del s. XX y principios del s. XXI entran los países imperialistas de Europa, Asia y Norte América en disputa por controlar Latinoamérica y lógicamente Bolivia, de inmediato los “expertos” y “especialistas” en cuestiones de América Latina inventan la panacea de los “POPULISMOS” en América Latina el “Foro de Sao Paulo” en 1990, luego de la disolución de la URSS, Fidel Castro y Lula da Silva convocaron a todos los grupos guerrilleros, partidos de izquierda, corporación de terroristas, asesinos, estafadores, secuestradores, contrabandistas y narcotraficantes que componían las FARC de Colombia, Sendero Luminoso del Perú, EGTK de Bolivia y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional de México tratando de transformar las estructuras atrasadas, semifeudales de nuestras economías, no por la vía revolucionaria, tal como lo hizo Cuba, sino por la vía del “totalitarismo”.

Los populistas de Europa y de Latinoamérica no están resolviendo el problema de evitar la lucha creciente de los pueblos por su libertad. De ahí que esta corporación populista internacional se haya visto obligado a utilizar de nuevo los métodos del terror de la dictadura fascista y estalinista de comienzos del s. XX.

Es así como en los últimos años asistimos a la criminal agresión populista sobre los pueblos pacíficos avasallando las libertades, prólogo a los intentos de perpetuidad totalitaria en el gobierno. Ante el creciente movimiento en defensa de la democracia y el ascenso de las fuerzas del sistema populista, mal llamada socialista, en Bolivia el MAS-IPSP en su descaro y engreimiento —producto de su desesperación— llega a pregonar abiertamente el derecho humano de la reelección, mientras que van creciendo las actividades del contrabando, el narcotráfico y la corrupción comprometiendo a la intervención de los rusos, chinos e iraníes para intervenir en cualquier país de América Latina y de cualquiera región del mundo que en concepto de sus portavoces ponga en peligro, no ya la tan cacareada “democracia” y las “libertades”, sino simple y llanamente sus intereses económicos, políticos o militares.

Cuba, Venezuela y Bolivia de la mano de Evo Morales y Álvaro García Linera, los populistas pretenden no permitir ninguna revolución en ninguna parte de la hegemonía populista, y menos aún, en América Latina, entregándonos a los intereses económicos en el que Rusia y China intervendrán con todas sus armas para mantener; el anterior statu quo que le permite seguir explotando indiscriminadamente a los pueblos.

Los países imperialistas desde la España feudal siempre han utilizado todas las formas de penetración en los asuntos latinoamericanos, sólo que en unas ocasiones cambian su rostro, pero su esencia sigue siendo la misma: agresión, dominación y saqueo de las riquezas de los pueblos por ellos oprimidos. Unas veces lo vemos como todo un señor colonialista, otras con su rostro de neocolonialista, y si hoy él de nuevo “coquetean” con el “falso socialismo”, mañana no nos sorprendamos de volverlo a ver con el “gran garrote” en sus manos. Como la “soberanía” del MAS-IPSP que nos entrega a la voluntad del crimen transnacional del Foro de Sao Paulo quienes decidieron por encima de la voluntad soberana boliviana respaldando en las Declaraciones finales de 2017 “En Bolivia la Revolución Democrática y Cultural ha alcanzado grandes logros sociales, lo cual fortalece el liderazgo del Presidente Evo Morales, postulado por los movimientos sociales para las elecciones de 2019 en el marco de la Constitución y las leyes, para asegurar la continuidad del proceso revolucionario”. En 2018 “– Respaldamos, en apego a la autodeterminación de los pueblos, la postulación del presidente Evo Morales habilitado constitucionalmente y respaldado por la Convención Americana para las elecciones de 2019, y rechazamos los planes desestabilizadores impulsados por la derecha de ese país, la OEA y la embajada de Estados Unidos”. Y en 2019 “Apoyar la candidatura de Evo Morales y Álvaro García Linera en Bolivia, que con el mayoritario apoyo de su pueblo apuestan a desarrollar en su cuarto mandato la «Agenda del Bicentenario», con el objetivo de terminar de saldar las deudas históricas pendientes de los siglos XIX y XX, y encarar las tareas del siglo XXI en condiciones de independencia económica y plena soberanía política.”

Los pueblos, combatiendo una tras otra a todas estas formas de dominación imperialista, van adquiriendo una profunda conciencia nacional antiimperialista. Empezando con choques nacionales aislados unos de otros con el imperialismo, su lucha se convierte en una resistencia constante a su penetración económica, encaminándonos finalmente —en algunos casos— hacia la “Guerra Civil”. Junto a todas esas clases de penetración los ciudadanos en Bolivia, el movimiento por el respeto a la soberanía nacional, a la C.P.E. y el referendo del 21-F están haciendo frente a una de las más peligrosas formas de intervenir en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Nos referimos a la penetración ideológica del populismo internacional. La hábil propaganda populista pretende resquebrajar el espíritu nacional de los ciudadanos oprimidos, adormecer sus conciencias tratando de embellecer por todos los medios de que dispone al agresor populista, presentándolo como adeptos al “socialismo marxista” que vela y se desvela por la suerte de los más necesitados en una democracia que todavía no han llegado a la mayoría de edad…

Todo este conjunto de problemas de la lucha ideológica contra los delincuentes populistas exige por lo tanto una mayor atención y que se les examine con cuidado y en forma científica.

J. Waldo Panozo Meneces

Policía – Politólogo