LAS GARANTÍAS EN EL ESTADO PLURINACIONAL

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En los seis libros de la República Bodin sentencia que la soberanía es indivisible, pero sobre todo absoluta y perpetua. Para Bodin, existe en cada comunidad política, un cuerpo, una entidad, un rey, un individuo, un grupo en el que se concentra todo el poder del Estado, este poder que él llama soberanía es indivisible, absoluto y perpetuo. Esta idea es lo que le permitió a Hobbes en el Leviatán mostrar que el que tiene soberanía no es ni el rey, ni el pueblo, sino el Estado. Es el símbolo de afirmar que existe en cada cuerpo político, un individuo o un grupo de individuos que posee todos los poderes y en los que se concentra todo el poder y la soberanía.

El Estado no puede personificar a la gente, ni desear en su lugar como escribió Rousseau, en el Contrato Social. De lo contrario, representaría que la voluntad del Estado reemplaza a la de los ciudadanos y se separa del riesgo de oprimirla. Por lo tanto, debe garantizarse que todas las posibilidades de impugnar, participar y apelar a los ciudadanos estén aseguradas y favorecidas para permitir que el Estado sea el órgano de la libertad de las personas.

Max Weber en el político y el científico refuta esta visión determinista del Estado: para él, la economía y la política son dos dominios distintos, el primero caracterizado por la satisfacción de las necesidades, el segundo por la dominación del hombre sobre el hombre. En este sentido, el Estado aparece como una institución que, en un territorio dado, tiene el monopolio de la violencia física legítima.

En esta lógica las instituciones públicas en términos de complejidad, impureza y no racionalidad, como la coexistencia de principios, valores, referencias de lógicas divergentes y contradictorias, como cambios y desequilibrios entre los diferentes niveles de manifestación de la institución, como conflictos, compromisos inestables, ambivalencias, paradojas, dilemas, fue para este fin que los Estados poseen Ejércitos y Policía para enfrentar las tensiones que permiten enfatizar la forma en que los agentes institucionales enfrentan esta pluralidad y estas divergencias.

El “orden público” son todas las reglas obligatorias que permiten la vida en la sociedad y la organización de la nación. Sin estas reglas decretadas para el interés general, las sociedades humanas no pueden sobrevivir. El “orden público” alcanza las nociones generales como seguridad, moral, saneamiento, tranquilidad, paz pública. Garantizado por el Estado, el orden público es responsabilidad de la policía. En Bolivia, la policía tiene dependencia directa del presidente del Estado a través del Ministerio de Gobierno.

Es pues el gobierno que administra el Estado quien deben responder a las exigencias de un pueblo amenazado continuamente por cualquier ciudadano que se atribuye alguna dirigencia, por sujetos que operan en la última década, cuyos protagonistas operan desde el Chapare, ante la pasividad del gobierno que defrauda a la sociedad por el hecho de que el país sufre una severa crisis social y política.

Imposible disimular la vergüenza que significa que la institución del orden este solicitando garantías a los productores de coca para cumplir con sus funciones constitucionales, una preocupación que aflige a toda la ciudadanía y en general ante la visión internacional. Sin embargo, nadie ignora que, por una necesidad primaria y vital es la policía la encargada de dar las garantías a la sociedad, momentos como éste sirven para templar la capacidad institucional de esfuerzo, acicateada por la confianza de toda la nación en una recuperación de la imagen policial que es anhelo prioritario de quienes se consideran reales protagonistas —y no meros observadores— del destino nacional.

J. Waldo Panozo Meneces

Policía – Politólogo