OPINADORES DEL COVID-19 Y DE POLÍTICA EN BOLIVIA

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Existe una frase antigua que dice: «Quién tiene la información tiene el poder». Miles de personas a lo largo y ancho de Bolivia, sin saberlo, reciben diariamente una dosis de desinformación más peligrosa que los alucinógenos que absorbe el cerebro de los atemorizados ciudadanos acerca del COVID-19 y de la actividad política. Científicos internacionales, nacionales, yatiris, jampiris y etc. etc. que nos bombardean con todo tipo de recetas. Lo mismo ocurre con los comentaristas políticos sociólogos, comunicadores sociales, abogados, economistas, comerciantes, estibadores, pajpakus, etc. etc. que se atribuyen la función de los politólogos. Sin embargo, es necesario aclarar que “opiniones políticas” lo pueden hacer absolutamente todos los ciudadanos desde la óptica de su profesión u ocupación. La cultura de la falsedad es el alimento cotidiano enfocado en los periódicos, la radio la televisión, las RR.SS. y los medios políticos que informan de manera parcial sobre los partidos que los financian.

La falta de una ley del politólogo no garantiza la construcción de un pensamiento crítico entre los ciudadanos, incluidos los lectores de noticias e información. Por lo que podemos todos los días ver, leer y escuchar por los medios a opinadores que tienen una trayectoria “servil al jefe del partido”, “tránsfuga por tener un recorrido por varias tiendas políticas”, “prebendal, porque reciben su paga por quienes los contratan”, de sujetos de esta categoría ¿Qué podemos esperar respecto a su imparcialidad en la opinión política? ¿Serán un buen ejemplo para quienes se dedican a la actividad política? ¿Serán un apostolado de la moral y la ética? Mucha de esa gente está tan contaminada con la corrupción, que ya no se sonrojan al emitir criterios de moralidad y de ética ante el público. Evitan el comportamiento crítico de los periodistas investigadores y los medios de confianza, los políticos se esconden detrás de estos sujetos, de las publicaciones en las redes sociales, principalmente en Facebook, Twitter, WhatsApp, creando un espacio para la tergiversación y la desviación de la verdad y la rendición de cuentas al público. En relación con las informaciones y/o comentarios falsos que contienen elementos de discurso de rencor, dichas acciones también pueden constituir delitos que deberían ser procesados de oficio por la fiscalía.

Los políticos son muy hábiles para habilitar este tipo de «pseudo analistas políticos», reporteros y medios obedientes, apareciendo ante ellos, ofreciéndoles entrevistas cómodas (y no infrecuentemente promocionales) para simular credibilidad y confianza. La información falsa se disemina desde los cimientos como un fantasma o como alimañas de alcantarilla que se arrastran en medio de la noche.

El entorno societario sutil y los cientistas políticos probos describen a estos opinadores usurpadores de la mala praxis como “comentaristas prebendales inmorales” considerándolos más peligrosos que “mono con navaja”.

El manejo profesional del “análisis politológico” es un tema que manejan sólo los politólogos, quienes analizan científicamente los procesos políticos, los problemas que los acompañan y sus repercusiones económicas y sociales.

J. Waldo Panozo Meneces

Policía – Politólogo