EN BOLIVIA: ¿POLÍTICOS O FILIBUSTEROS?

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La política concebimos como ciencia, doctrina, el arte de gobernar un Estado, promulgando disposiciones legales para mantener la paz, la tranquilidad, la seguridad pública, conservar la justicia, la ley, el orden, las buenas costumbres, en el aspecto interno, así como la seguridad, la estabilidad, la dignidad de la nación, del Estado en sus relaciones con los demás países del mundo y su capacidad al servicio de la sociedad.

En todos los países quienes se dedican a practicar la política emprenden con una explicación de por qué decidieron ingresar en la vida política coincidentemente pregonan “para servir al pueblo”, “por el bien del pueblo”. Por supuesto, los políticos, como todas las personas, tienen sus propias intenciones y motivos. No pretendo evaluar su sinceridad e integridad, ni sus motivos, pero me gustaría detenerme un poco en su “perfil”, o “intentar” acercarme a la tipología de estos sujetos ejerciendo el “voluntariado de la actividad política”. Nuestras ideas sobre el liderazgo político se pueden ver en la “República” de Platón, que es uno de los libros principales de la filosofía política. Platón, un hombre que estaba “preocupado” por la pregunta de por qué nos comportamos individualmente o juntos, dijo que los individuos tienen diferentes habilidades y deberían tener roles claros.

El rol del administrador del Estado en Bolivia fue desnudado en el último caso de corrupción en plena lucha contra la “pandemia”. Aquí, tomemos el ejemplo de Cochabamba, donde aparentemente casi todos nos conocemos. a) Imagínense los años 70 un joven “vagabundo” con el cuaderno doblado en dos dentro el bolsillo trasero del pantalón. Lógicamente descendiente de padres políticos acostumbrados a vivir de la política, el hijo se considera pues heredero de estas cualidades. Nace en mi imaginación ¿Será mejor o peor un ignorante en la función pública? ¿O un vago que ni se conoce que fuera bachiller? b) También ponemos como ejemplo a profesionales y trabajadores probos que emprendieron en este voluntariado, que llegaron a ocupar cargos públicos y se retiraron o concluyeron un mandato para luego replegarse a seguir cumpliendo con su oficio o con su profesión; ciertamente eso hacen aquellos ilustres y competitivos en su gremio, luego de trabajar por el “bien común”. Con certeza pues, los primeros son los “filibusteros” que se aferran de la política para sus intereses particulares.

La imagen del partido es la imagen moral de esta fuerza política en el imaginario colectivo, que tiene una percepción estereotipada, se forma para ganar poder y ser incluida en la élite política del país. En ese orden la imagen de un “líder”, que se refleja no solo en la imagen personal del líder del partido, sino también en otros líderes del partido, cada uno de los cuales tiene su propia influencia en la imagen del partido.

  • La ideología del partido.
  • La posición política y la base social del partido.
  • La trayectoria, el comportamiento y la reputación de los líderes políticos.
  • Recursos políticos y de otro tipo del partido.

En la actualidad la percepción de los partidos en la sociedad boliviana ya no es a la ideología se debe en gran medida a las características del líder. Líderes que son conocidos por tener pasado corrupto, prebedal y tránsfuga que ya es un factor para calificarlos de “filibusteros/politiqueros” que confirman el refrán: “Los políticos son iguales en todas partes. Prometen construir un puente incluso donde no hay río”. Nikita Kruschev.

J. Waldo Panozo Meneces

Policía – Politólogo