Fortalecimiento del nuevo fundamentalismo político en Bolivia

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El fundamentalismo se entiende como una ideología extrema que no contempla la existencia de otras, que sigue de manera fanática sus procedimientos, y que termina por polarizar las opiniones de toda la sociedad en que se inserta. Existen fundamentalismos religiosos, políticos y deportivos. El fundamentalista es una persona que adopta una visión exclusiva de su verdad. Esta luego se desarrolla en una especie de fanatismo que lo hace ver el mundo, fuera de su pequeño círculo, como enemigos. El fundamentalismo más común es el religioso.

Igual que los nacionalistas y los estalinistas de Europa en el siglo pasado, en Bolivia estamos en manos de los fundamentalistas. En aquellos tiempos, había que ‘terminar con los comunistas’ y la guerra que venía inevitablemente, la única alternativa que nos ofrecía, era impedir que su escenario estuviera situado en el hemisferio americano.

Adicionalmente decían los más cínicos –porque entre los ideólogos de entonces también los había– en la lucha en contra del libre pensante. Ahora estamos otra vez, en manos de los fundamentalistas. Antes era, contra el comunismo, ahora es exterminio a los “opositores”. Aunque no lo dicen en público, es muy posible que en sus conversaciones privadas celebren como se hacía en la década de los 70, la expresión que el único opositor bueno es el que está muerto. Lo que digo es tan cierto que, sólo basta escuchar a muchos acólitos del MAS, para darnos cuenta que los fundamentalistas, no quieren otra cosa más que, cadáveres como en caso del Hotel Las Américas, primero a título de ‘magnicidio’. Y no se andan por las ramas. Haciendo sus cálculos matemáticos, se adelantan a la agenda 2025, aquí no habrá oposición. Ni opositores. Y como no se vislumbra ningún proceso destinado a crear instituciones imparciales de justicia, por lo que no hay que ser muy inteligente para concluir, que la solución del problema es por la vía de la supresión física o de la judicialización política de quienes, por las razones que sean, tienen una conducta contraria a las reglas establecidas por los grupos de poder.

El peligro residente en que, junto al eclecticismo doctrinal, puede aparecer una cerrazón formal en otros aspectos, mucho más prosaicos y concretos, como pueden ser las prácticas, el proselitismo, el control personal, la vinculación tácita a grupos ideológicos, económicos y políticos internacionales, optando por diversas posturas, desde la inhibición hasta la participación por medio de la propaganda y del voto. Está amenazada nuestra matriz cultural de libertad y soberanía nombrando solo dos de tantas.

Por lo anterior, y esta etapa política, no está bien la forma cómo se maneja el proceso electoral. Más bien, junto a la preocupación que experimento de elecciones anteriores, con los nuevos resultados endurecerán su posición que a su vez obligaran a que actúen con mayor autoritarismo cada vez más duras por parte de los extremistas que harán aflorar su racismo, por lo que concibo la impresión que, en esta oportunidad ninguna fuerza externa no nos ayudarán a frenar a los fundamentalistas que predican ‘proceso de cambio’. Y que la falta de una opinión pública crítica, que no le crea al gobierno; y que además, más bien cuestione los desplantes, el afán por la publicidad y el hostigamiento que, desde el poder se hace en contra de varios sectores de la sociedad, nos lleve a permitirle al MAS y a su grupo, la creación de las condiciones, para que dentro de dos años nos dejen iniciada, la guerra civil postergada que algunos hemos estado esperando.

Waldo Panozo Meneces

                                                         Politólogo docente en la Carrera de Ciencia Política

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