EL ESTADO DEL ESTADO PLURINACIONAL EN EL QUE VIVIMOS

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El Estado es un ente jurídico ficticio con una realidad histórica y una construcción teórica compuesta por funcionarios sujetos a un gobierno y sus disposiciones legales. Así, Maquiavelo define el Estado como el poder central soberano y aleja el ejercicio político de las deferencias morales y religiosas. En el período de la Reforma con Martin Lutero contribuyen a dividir los vínculos entre la autoridad espiritual y la autoridad terrenal, reprochando la lógica del poder de la Iglesia Católica, afirmando el alejamiento total entre el reino de Dios y el del mundo terrenal. En el periodo de la filosofía de la Ilustración, las teorías del contrato social de Rousseau justifican la existencia del Estado, para garantizar el orden social, caracterizada por la guerra de todos contra todos, el estado civil o social en el que todos son libres al obedecer la ley de todos. Posteriormente el sociólogo alemán Max Weber enseña que el Estado es una institución que, en un determinado territorio, tiene el monopolio de la violencia física legítima. Esto significa que los individuos reconocen la autoridad del Estado que se basa en la tradición, el carisma del líder o, en las sociedades modernas, la racionalidad implementado por la legalidad y la burocracia.

En nuestro país somos herederos de los fundadores del Estado “República de Bolivia”, ellos combatieron por la independencia. Enfrentaron al ejército español, a la muerte, al frío, a la soledad de vivir en una trinchera. Los criollos, los mestizos e indígenas derramaron su sangre en una dura guerra que los bolivianos no debemos olvidar. Ahora las nuevas generaciones todos pensando que le “debemos” algo al país: el respeto a la C.P.E. Hoy los políticos oficialistas no quieren hablar del respeto a la C.P.E. y demás disposiciones legales.

Infelizmente siempre se aprende a ver cuando uno se queda miope. Es lo que pasa a muchos bolivianos. Porque no queremos ver que vivimos en un “Estado paralelo”. Se dice de un Estado paralelo a un gobierno secreto paralelo organizado con apoyo del aparato militar y policial, y de inteligencia financiado por individuos con actividades ilícitas (drogas, narcotráfico, traficantes de armas, etc. etc.), que se dedican a la violencia ilícita para proteger el Estado y los intereses de la corporación política oficialista contra las amenazas encarnadas por los intelectuales y ocasionalmente constitucional. Esto muestra lo ocurrido en el TIPNIS, el Gobierno del Estado Plurinacional garantizaba su ingreso al país de la comisión del Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza., no al territorio indígena.

Se unen personajes políticos corruptos con los ciudadanos moralistas. En lo que de nada sirve el esfuerzo de los valientes revolucionarios que enfrentaron al Plan Condor, de nada sirvió la lucha por el retorno de la democracia. Y eso es lo más triste que le pasa al país.

Decimos: “Respeto a la democracia, respeto al referendo del 21-F, en ese escrutinio democrático le dijimos NO al autoritarismo populista. Muchos luchamos por la democracia en contra de las dictaduras militares, pero queremos que la muerte de nuestros compatriotas no haya ocurrido en vano. Queremos que nuestra nueva lucha por el cumplimiento al referendo del 21-F sea una lección para todos los bolivianos. Aprendimos mucho. Ahora sabemos cuál es la Bolivia que queremos. El Estado por el cual volveríamos a luchar mañana si fuese necesario. Pero ahora vamos a pedir, exigir, dar y luchar. Y esta lucha es aún más difícil: es la de hacer crecer a un Estado que tuvo que madurar con la sangre de sus ciudadanos por la democracia. Ahora viene la lucha más difícil, la de hacer respetar a un Estado de las garras de politiqueros que pretenden eternizarse bajo la bandera de un “socialismo fraudulento”. ¿Cómo es ese Estado que queremos?

La mayoría queremos un Estado soberano e independiente. Con una democracia verdadera, en la cual se pueda llevar al pie de la letra lo que dice la C.P.E. Una democracia que no sea “embaucadora” (estrategia envolvente). Queremos un Estado donde no se viva en estado policial o gendarme. Porque, aunque no nos acordemos todo el día que vivimos sin derechos constitucionales, de alguna manera, inconscientemente, nos sentimos aplacados, sin intereses políticos, sin intereses democráticos. Queremos votar, queremos elegir a nuestro gobierno sin injerencia extranjera. Y ahora más que nunca. Porque después de haber sido los primeros del siglo que vivimos una angurria del poder de unos pocos corrompidos, tenemos, como mínimo, el derecho a decir “queremos nuevos actores políticos, no más de los mimas caretas” y poder elegirlo. Hasta el momento con este régimen nos arrastraron a un estado de calamidad moral y económico del Estado Plurinacional.

J. Waldo Panozo Meneces

Policía – Politólogo