¡DESPERTAD POLICÍAS INSTITUCIONALISTAS!

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En el transcurrir de la historia hemos pasado días pésimos por culpa de los políticos y de los policías corruptos. Los días que pasamos al presente son seguramente los más oscuros y los más desastrosos que la Policía Boliviana haya vivido jamás. Para encontrar el equivalente, es necesario remontarse muy alto en nuestra historia: hasta la caída del régimen dictatorial del general Barrientos.

Entonces, también como hoy, la Policía Boliviana estaba completamente hundida, pisoteada, aniquilada, sometida de pies a cabeza, a merced del sempiterno conspirador y golpista régimen militar. ¿Pero quién sabe si hoy nuestra situación en democracia no es más trágica todavía?

No será por lo sorpresivo. Teníamos, al principio de este modelo político inexacto, como una certidumbre absoluta de la victoria de quienes son sus contribuyentes, como los cocaleros, contrabandistas, terroristas, etc. Sabíamos, ciertamente, que el enemigo era temible y nos preparábamos para una disputa ardua, larga, llena de dificultades; pero, con nuestra línea doctrinal, nuestro ímpetu y nuestro institucionalismo, con los escasos recursos concedidos, no dudamos un instante del resultado del conflicto contra todos los flagelos de los ilícitos. Hace sólo unos días después de la posesión del nuevo Ministro de Gobierno nuestra imagen institucional nuevamente está siendo mancillada. Contábamos que no lo sería porque absolutamente todos los policías sabemos de los compromisos políticos de algunos malos policías en función de mando y algunos subalternos del partido político de turno, como ya ocurrió con los casos: Rosza —en dicha tramoya no participo la institución como tal, sino algunos policías y comandantes—, Caranavi, Chaparina, general Sanabria, mayor Ormachea y hoy atacado en toda su extensión, con una rapidez sin precedentes, como no lo fuera nunca, y mañana acaso será totalmente ocupado por el proyecto del Ministro de la Presidencia y su asesores militares, tal cual funciona el CEO de Venezuela.

En el mundo y en nuestro país existen por su importancia y obligación que tiene el Estado para con sus sociedades, tres profesiones constitucionalizadas, en las áreas exclusivas de Salud, Educación y Seguridad personal —Seguridad Ciudadana—. Casualmente estas tres profesiones se encuentran en extremo conflicto con el actual gobierno, como es la rama de los médicos, magisterio y hoy en día los policías. La dependencia de la profesión del policía está muy politizada desde su dependencia, o, ¿acaso un medico podrá ser Ministro de Economía?, a los policías nos nombran a cualquier político Ministro de Gobierno y ese debería ser el cargo para policías.

Desde la aprobación de la sangrienta Constitución Política del Estado Plurinacional, norma importantísima en la vida política y administrativa del Estado, que fue elaborado, o copiado de las Constituciones de otros Estados y no precisamente por los asambleístas, quienes en su mayoría únicamente se dieron a la tarea de levantar la mano para su aprobación. Por lo que en su contenido literal tiene graves errores, como reconocer en varios Artículos que seguimos siendo “Republica”, además de tratar de esquivar la importancia de la “Seguridad” en cuanto a la función policial y peor aún muestran su verdadero rostro de ser enemigos de la policía y de la sociedad en su último plan de gobierno 20015 – 2020 en la que no contempla la “Seguridad Ciudadana”.

Los ciudadanos honestos y políticos de la oposición al actual gobierno parecen estar aplastados como un castillo de naipes, a pesar de las muchas denuncias de corrupción y de la subordinación de los cuatro órganos del Estado —Órgano legislativo, Órgano Ejecutivo, Órgano Judicial y Órgano Electoral— no tiene ningún resultado ante las denuncias y pruebas, y hoy, ¡ay!, el sometimiento.

No se pretende justificar los actos de corrupción de varios policías y de sus indisciplinas, tampoco seguir esperando la salida que siempre engañaron a todo el pueblo, con el compromiso de realizar las investigaciones a todos los corruptos, además de la investigación de fortunas y ojala sea con retroactividad, es necesario que en algún régimen de una vez se dé la importancia a la Policía Boliviana por el bien de la salud social de la sociedad. La función policial siempre tuvo una dependencia política y las designaciones vienen de allá, casi nunca recayó en quienes merecían, especialmente de los mejores alumnos y esto desde el ingreso a la Academia Nacional de Policías ¿Acaso ya se olvidó el escándalo que hubo en la postulación para los cadetes? El gobierno actual estuvo en la investigación ¿Hubo un resultado ecuánime de la misma? ¿Y qué diremos de la expropiación de nuestros terrenos que estaban a nombre de la institución, de nuestros cuarteles históricos? Construcciones que fueron levantados hasta con los propios efectivos policiales que hicieron de albañiles y ¿Dónde están los policías y comandantes que se prestaron al contubernio del caso Rosza? ¿Continúan en las planillas policiales? La Policía Boliviana sabe muy bien, ¡ay!, el precio de las vejaciones que nos están infligiendo.

¿Queda aún algo seguro a lo que podemos asirnos? Algo seguro, pues la hora es demasiado grave para que nos tomemos de cualquier cosa con apariencia de carnada. Sin embargo existe un silencio cómplice no solo de los que comandan la institución, sino de todos quiénes se beneficiaron y se benefician de los sueldos de la institución del orden ¿Dónde están sus organizaciones?

Algo nos apareció con evidencia desde el principio en estos tiempos de despotismo, y me parece que nos ofrece mucho más que un simple consuelo sentimental, y es todo el amor que tenemos a nuestra Policía Boliviana. ¡Y cuanto ella era amada!

Ciertamente, sabíamos que la amábamos. Nunca lo hemos experimentado mejor que en este periodo político, cuando sentíamos hasta en nuestras carnes las heridas que se le causaban, aquellos malos hijos que se someten a este régimen olvidando la “Misión Constitucional” y encima los corruptos y cuando sufrimos con ella la misma agonía. Nunca la habíamos sentido tan incrustada en nosotros, y jamás supimos como ahora que ella y nosotros no éramos sino uno, y que era en cierto modo nuestra carne y nuestra sangre. De la misma manera sabíamos que la Policía Boliviana era amada en todo el territorio nacional, pero no tanto como lo hemos comprobado en estos días de infortunio. Hay cosas que se nos habían dicho, y que conocíamos, pero, yo no sé por qué pudor y por temor a un amaneramiento lírico y romántico osábamos repetir el himno al policía; como por ejemplo: “Las palomas defienden su nido, de las garras del pérfido halcón. De tiranos protege al vencido. Hiere al pueblo, si el pueblo es felón”.

Pero todo esto debe sernos también, cualquier cosa que suceda en el negro período que cruzamos, una garantía del futuro. Sí, no ciertamente en la absoluta metafísica, pero sí en la realidad concreta de la humanidad presente, tal como la historia la ha hecho. La Policía Boliviana es necesaria para la sociedad como reza la misión constitucional en al Art. 251 La Policía Boliviana, como fuerza pública, tiene la misión específica de la defensa de la sociedad y la conservación del orden público, y el cumplimiento de las leyes en todo el territorio boliviano. Ejercerá la función policial de manera integral, indivisible y bajo mando único, en conformidad con la Ley Orgánica de la Policía Boliviana y las demás leyes del Estado”. A menos de pensar que toda una sociedad pueda desmoronarse en la barbarie y destruirse a sí mismo, la Policía Boliviana vivirá, no puede sino vivir.

¡Y si estamos vencidos en esto punto, aniquilados, aplastados, tanto que pueda borrarse de la historia el nombre de nuestra institución, un día resurgiremos! Nuestros mismos enemigos necesitarán de nosotros para vivir.

En el huracán de ímpetus perversos que demuestran los políticos absolutistas y de pensamiento arcaico jacobiniano que pretenden abatirnos. Si se tratara de otra organización podríamos suponer que no se levantaría más; pero se trata de la Policía Boliviana, una institución que siempre se puso al frente en defensa de su pueblo contra todo poder dictatorial que en la mayoría de su vida tuvo el país en el transcurso de su historia. Y quién sabe si su abatimiento tan grande no es sino el preludio de un próximo resurgimiento, el cual nuestra imaginación anonadada por el espectáculo de nuestra caída es incapaz de ver en toda su amplitud. Ahora bien, advertir, este rasgo característico de la función de defensa de la sociedad, de defensa de las garantías constitucionales de la Policía Boliviana está perfectamente de acuerdo con las directivas de la vida en una democracia tradicional.

Me permito afirmar que tal es mi certidumbre respecto a la Policía Boliviana, en lo que concierne a los sucesos actuales. Y llegamos así a pronunciar a los policías corruptos, a los policías que hacen de lacayos de este gobierno y a sus politiqueros que sus delitos, sus encubrimientos y sus faltas, no quedarán impunes, pero no perecerá jamás la hija de tantos méritos, de tanto brillo, de tantas lágrimas. Que preexistió antes de la era republicana, primogénita que vio nacer a la patria, que tiene su verdadera historia desde la colonia, institución predestinada, que enarbolara su nombre como en el pasado ante todos los ciudadanos bolivianos sedientos de seguridad.

Pongamos nuestra angustia, nuestra aflicción, la de los nuestros, la de tantos heridos en el cumplimiento del servicio, refugiados, desesperados, la de la pobre Policía Boliviana humillada; al pie del Cristo que ama a los bolivianos sufridos sedientos de una verdadera seguridad “Para vivir bien”. Invoquemos la pléyade de todos nuestros mártires de la fundación de la Patria y a todos los verdaderos revolucionarios respetuoso de las libertades, de la soberanía, de la libertad de expresión y de la democracia tradicional. Porque la Policía Boliviana no está muerta desde que nosotros vivimos y sufrimos.

Es necesario que vivamos para que ella viva. Sólo nuestra infidelidad sería su perdición.

J. Waldo Panozo Meneces

Policía – Politólogo

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