DE CHAUVINISMO, POLITIQUEROS Y OTRAS ALIMAÑAS

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El erudito se explaya luego en un aspecto poco conocido: chauvinismo, politiqueros y otras alimañas. Pese a que la bibliografía en apariencia es extensa, no significa que está agotada. “Patriotismo” proviene del latín pater, padre. El patriotismo es un sentimiento compartido de pertenencia al mismo país, la patria, un sentimiento que fortalece la unidad sobre la base de valores comunes. Conduce a sentir amor y orgullo por su tierra natal. El patriota está listo para dedicarse o luchar por ella para defender sus intereses. “Chauvinismo”/Chovinismo deriva del apellido francés Chauvin, con el sufijo -ismo. El chauvinismo es una forma excesiva y agresivo de patriotismo o nacionalismo que denigra sistemáticamente todo lo que es extranjero. El chovinismo se expresa en una admiración incondicional y exclusiva por lo nacional y Politiquería, dícese de la instrumentación de la actividad política, con el fin de obtener beneficios inmediatos, carentes de principios y basados en la intriga y la maniobra sin escrúpulos.

Ocurre que muchos hablan del origen de los grupos o de los parásitos politiqueros que se acostumbraron a vivir del desfalco al erario nacional devenidas desde la antigüedad en los mecanismos ideológicos a partir de los cuales la religión se convirtió en un elemento de justificación de los principios políticos, sociales, económicos y filosóficos que subyacían en un mundo romano, pero ello no supone que eran la totalidad. Por el contrario, significaron un número exiguo, casi un puñado de “elegidos”. En la actualidad pertenecen a una suerte de club exclusivo, ligado muchas veces a la sucesión hereditaria y beneficiados por las gratificaciones económicas fijadas por los electores de la sociedad.

Vemos hoy en día a senadores, diputados, asambleísta, concejales que aún no terminaron su gestión haciendo campaña política para otros líderes ajenos a quién los nombro, y todo ello a nombre del “patriotismo”. Estos operarios del transfugio son operarios de los dueños de los partidos políticos; por supuesto. Pero había quienes, sin profesar decididamente su supuesta ideología, hallaban morboso placer honrando la “politiquería” y el “transfugio” como una virtud patriota. El mismo que les permite erigir el líder salvador —según ellos— sin sufrir daños morales y que, al cabo, les otorgó un buen pasar. Para sintetizar, diríase, mientras al líder de moda le encomendaban el alma, al dinero le consagraban el cuerpo y sus necesidades materiales. De allí que no deba sorprender que en ciertos sectores de los soportes de “izquierda” y/o de “derecha”. El tema es fascinante: la coexistencia entre “izquierda” y “derecha”, en el mismo cuerpo del politiquero, es para detenerse a pensar.

En Bolivia la política es para los vasallos obedientes y conformistas, y margina a los librepensantes y autoconscientes, la política alegra a los fieles del partido, persigue a los no partidarios, la política ama a los partidarios y a los rastreros. La política aquí establece en el pedestal de los altos funcionarios políticos aquellos cuyos puntos de vista son absolutamente idénticos a los del líder por muy asno que sea, aquellos que no se apartan de la matriz del partido político al que pertenecen, personas cuyo carácter es sumiso, cuyos pensamientos y actitudes son rígidos y cuyo comportamiento es consistente con el comportamiento y el comportamiento del primer líder. ¿Y qué obtenemos en un discurso tan político? Clones políticos, con cerebros lavados, con espinas distorsionadas y voces débiles. Y si la política es un negocio para los débiles o busca héroes ¿Es una actividad dirigida por personas limpias y fuertes o enmascaradas y corruptas, es un fenómeno dominado por los intelectualmente poderosos u otros físicamente fuertes? La élite política durante todos estos años, desde la independencia, no es una élite que ejercerá influencia aislada de la democracia, no es una élite que apoya a individuos e intelectuales inteligentes, está lejos de ser un heraldo de élite de tendencias positivas y progreso, y ni siquiera está cerca. El epíteto de la élite política: un ejemplo de honor, moral y ética. En resumen, ¡en Bolivia las alimañas son patriotas…!

J. Waldo Panozo Meneces

Policía – Politólogo