El pastorcillo MAS mentiroso de mi Llajta

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Había una vez un pueblito llamado “Llajta” poblado de personas tan, pero tan bondadosos e ingenuos que vio crecer a un niño pastorcillo que vino de otras lejanas tierras, estudio en esa y fue un próspero profesional “pajpaku”, lógicamente muy corto de fortuna que le gustaba ralearse con personajes jóvenes de las familias más adineradas en un lugar muy exclusivo, el pastorcillo muy bromista, manupetaka y llulla. Todos los días, cuando regresaba a su humilde morada, después de haber mangueado sus alcoholes, conquistar bellas llajtamasis y veía que su rebaño era muy poco, se dormía y soñaba con ser millonario como los hijos de los “jailones” que le costeaban algunos de sus gustos.

Lo primero que hizo fue pasar de “pastorcillo de ovejas” a ser “Pastor de almas perdidas” y cambio su religión. Pero su sueño aún no se cumplía y meditaba y pensaba como alcanzar a ser “jailon millonario”. ¡Por fin se le ocurrió…! Como era ya pajpaku, entrar en lo que llamaban la “politiquería”. ¡Lógico que estaba acorde a su profesión…! Además, nadie dudaría porque ya era Pastor de los Achachilas.

Desde aquella vez puso la mejor mueca, sonrisa hipócrita y conquisto al pueblito de la Llajta, para ser nombrado autoridad del pueblito.

Bueno, en aquel tiempo en la Llajta las personas inocentes estaban siendo azotados por un soberano tirano que también vino de otras tierras lejanas y frígidas. Quien también aprovecho la hospitalidad de esas personas bondadosas, se hizo elegir Rey y se raleo de sinvergüenzas y matones dedicados al robo, al terrorismo, a la delincuencia y atemorizar a todos con matarlos.

Aprovecho esto, nuestro pastor pajpaku y se prestó gentuza del Rey, también recluto a sus desertores y de una hermana malosa para hacerse asesorar y ser mejor que el Rey. Por lo que fue elegido por estas inocentes personas.

En cada mitin del pueblo llagaba corriendo y les prometía todo. Necesitaba hacerse de algunos dineros y les prometió a los del pueblo que velaría por el estudio de sus hijos y les dotaría de unas “khepichanas” que no compro a los del pueblo; sino que hizo traer desde tierras muy lejanas donde cuestan casi nada.

Le fue tan bien en estas circunstancias que el próximo año hizo una nueva compra para dotarles de khepichanas por lo que fue descubierto por el alguacil y tuvo que ser procesado por las khepichanas, otros 8 procesos penales y no informar sobre 10 leyes y 16 resoluciones más. En eso al pueblo le llegó una maldición, un castigo por ser tan confiados y les envió el Achachila una peste, más sin tener pena por esta situación decidió hacerse unos dineros más, cual, si fuera un samaritano para saciar el hambre de los hombres voluntarios contra esta peste, compro comida azna y kheta khoñichi.

– ¡Renunciaré porque no soy prorroguista! ¡ni Quintana tuvo la cobardía de invadir mi morada! ¡Me iré!

Al oír los gritos, todos los habitantes creyeron y se calmaron esperando que cumpla su palabra el Pastor Pajpaku, se metieron en sus casas muy esperanzados. Y allí esperando

se quedaban hasta que oían de nuevo al pastor:

– ¡Ja, ja, ja! ¡No es verdad! ¡Mi asesor el MAScontres no quiere! ¡El pueblo de los pajpakhus, los khateros, los suas, los khoscolis y los llullas me apoyan! ¡Tontos!

Hasta que nuevamente el Alguacil lo cito para que responda sobre la azna y kheta khoñichi y dijo que se enfermó con la peste.

Y todos los días los habitantes del pueblo miraban malhumorados al pastor que siempre se

alejaba riéndose.

Todos los días… Hasta que… ¿Saben qué pasó?

Un día, como tantos otros, el pastor volvió corriendo al pueblo. Gritaba tanto o más que en otras ocasiones:

– ¡Estoy enfermo con la peste! ¡Enfermo estoy con la peste!

Pero esta vez corría más deprisa de lo normal y gritaba también más fuerte de lo normal… Sin embargo, los vecinos del pueblo no le hicieron ni caso, hartos ya de que el ex pastorcillo, hoy Pastor Pajpaku les hubiera engañado tantas veces…

Nunca supimos si se enfermó. Y ¿Sabes cómo terminó todo? ¡Claro! Se quedó con mucha fortuna como todos los politiqueros de este pueblo llamado Llajta, poblado de ingenuos e inocentes pobladores. Y como nadie del pueblo dice nada, el pastor pajpaku se quedó con todo, preparado para postularse a Rey.

J. Waldo Panozo Meneces

Policía – Politólogo