DE TERROR: LA SALUD Y LA POLÍTICA

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La pandemia de COVID-19 reveló los lados oscuros de la política boliviana, pero también originó la política egoísta y manipuladora. Como en todos los países del mundo, el gobierno está respondiendo a la pandemia de COVID-19 mediante la introducción de medidas como la cuarentena, el distanciamiento social, y el aislamiento. Son necesarias, sin embargo, estas medidas pueden tener un efecto significativo en nuestro bienestar social si estuvieran respaldadas por el «principio de autoridad». El miedo, la ansiedad, la ira, el dolor y la incertidumbre se profundizan debido a la falta de trabajo, y en los que tenían trabajo, por los despidos, debido a la nueva forma de vida que nos vamos acostumbrando y a la adaptación a nuevas formas de estudiar y trabajar.

En Bolivia los conflictos sociales se han vuelto muy perceptibles con serias manifestaciones de terrorismo. Por primera vez, todas las personas hemos descubierto que dependemos mucho de enfermeras y de los proveedores de alimentos. El coronavirus parece un virus igualitario que puede afectar a cualquiera. Pero él no mata a los igualitarios. Han surgido conflictos realmente escabrosos como la denuncia de que en el Hospital Viedma de Cochabamba existen camas de terapia intensiva sin estar siendo utilizados, especulación y desvío de los fármacos por los farmacéuticos y los distribuidores, falta de ítems para trabajadores en salud para enfrentar el COVID-19, corrupción y caso respiradores, etc. etc. Mientras que, durante la entrega de centros de aislamiento se hace propaganda política argumentando que “el gobierno anterior en 14 años no hizo nada para la salud” —cosa que es cierto—, sin embargo, no están dando una verdadera batalla a la pandemia, no se trata de entregar camas, se trata también de dotar de especialistas y de material de bioseguridad, están poniendo en peligro el futuro de los jóvenes.

En cualquier caso, es sorprendente que, según los informes cotidianos por los medios, este operando bajo control. Vimos a algunos médicos que se preocuparon muy acertadamente contra la promulgación del “Código Penal”, ahora solo están haciendo política para el gobierno, mientras que sus colegas y trabajadores de la salud están infectándose y muriendo por falta de equipos de bioseguridad. ¿Dónde están los periodistas investigadores? ¿Por qué no se investiga cuantos muertos hubo en determinada semana en el pasado año y compara con el actual? ¿Ya no hay muertes por envenenamientos, septicemia, cirrosis, tumores, afectaciones al corazón, etc. etc.? ¿Ahora son todos muertes por COVID-19? Lógicamente que ahora hay que tomar en cuenta que de muchas provincias se trasladaron a la ciudad. Las estimaciones científicas en Bolivia eran y son “que el pico más alto de la pandemia será en junio, luego julio, agosto y ahora septiembre”. Tales estimaciones son contrarias a una gran cantidad de videos e informes en las redes sociales que nos da más bien una incertidumbre porque ya nadie confía en las decisiones políticas, ¿Sera que de esta manera se pretende que la pandemia crezca afectando más a las personas para perpetuarse en el gobierno?

En general, tiene que ver con las próximas elecciones y las decisiones de las autoridades en las semanas que la preceden durante la campaña electoral, la vida social en Bolivia se cerró. Vemos la dependencia económica como una fuente de incertidumbre. Hemos descubierto que dependemos completamente de los productos médicos que vienen de otros países y que no podemos contar con ellos en tiempos de crisis, aún peor pretender un control por el gobierno. Hemos visto cómo un virus que se originó al otro lado del mundo puede cambiar la vida de todos nosotros.

Las crisis de salud están aprovechando políticamente el gobierno. La oposición está marginada en muchos lugares. Es difícil predecir si habrá o no elecciones porque no sabemos cómo afectará la crisis a la participación ciudadana. La pandemia está diezmando duramente a los ciudadanos y a la mayoría de los partidos opositores.

J. Waldo Panozo Meneces

Policía – Politólogo